2021-12-30
(fotos)
El peso del maíz y el ciclo de la herencia: Desarmar para recordar
Viaje 13 – diciembre 2021
Texto construido 2026-09-22
Es 30 de diciembre de 2021. La noche de un año que me partió la vida por la mitad se acerca, y yo manejo mi viejo Peugeot azul por las rutas calientes del departamento de Anta. En el asiento de atrás, Malko asoma la cabeza por el vidrio entreabierto, buscando el viento denso del verano salteño, mientras Choco descansa paciente en el sillón trasero. Llevo conmigo una pieza hidráulica del tractor para que la reparen en Las Lajitas. Este viaje mecánico y logístico es, en el fondo, un viaje por las ruinas de un modelo que cruje. A mi alrededor, el paisaje me devuelve la imagen de un territorio asediado: paso por la vieja finca de Balcanera, que recientemente se ha vendido para pasar a manos de nuevos dueños. Es el pulso implacable de la patria agroexportadora que devora la historia y la convierte en capital anónimo, ese "pulpo que tracciona y converge y acumula todo lo que hay a su alrededor" (Pequeño Ragone, 2025).
Al llegar al
predio de Los Pozos, la metáfora del exceso se materializa frente a mis ojos.
Veo las bolsas de maíz acumuladas sobre el viejo acoplado. Es una montaña
amarilla, pesada, ciega. Siento un enojo inmediato y visceral con José, el hijo
de Matilde Córdoba, por haber apilado tantas bolsas, ignorando el riesgo
inminente de que los elásticos del acoplado estallen por la presión. Se lo hago
notar, y en el instante en que las palabras salen de mi boca, percibo que el
tono ha sido agresivo. La violencia de la exigencia productiva se ha colado en
mi voz. Me alejo rumiando esa incomodidad, preguntándome cuál será la mejor
manera de expresarse, de marcar una diferencia o un límite sin resultar hostil
para el otro. Es la misma tensión que registro en mi diario cuando pienso en
las distancias sociales, en los lugares de poder en los que uno está situado, y
en cómo la ceguera ante esas asimetrías termina lastimando a personas como
Matías o Emanuel (Pequeño Ragone, 2025). ¿Cómo se construye una autoridad en la
finca que no sea la del patriarca dominador? ¿Cómo se ejerce el cuidado de la
infraestructura sin reproducir la violencia objetivante que la masculinidad
rural hegemónica nos ha enseñado a naturalizar (Pequeño Ragone, 2026a)?.
Caminando por
el predio, mi mirada se topa con el viejo "tasher" y depósito que
armó mi papá. Está atestado de cosas, de fierros, de herramientas herrumbradas
y materiales que fue acumulando con los años. Es un mausoleo del trabajo rural,
un archivo de cosas que probablemente ya nunca más se van a usar. Frente a ese
galpón repleto, siento el peso de la muerte de mi padre, ocurrida hace apenas
seis meses, en junio de este mismo año. Su ausencia lo llena todo. Me pregunto,
mirando esa acumulación de herencia inerte, si no es mi tarea volver a desarmar
ese espacio, exactamente como desarmé la casa de la calle Urquiza. Desarmar no
para destruir, sino para limpiar, para depurar la memoria y darle un nuevo
ciclo de vida al espacio. El naturalismo occidental nos enseñó a acumular
objetos y a dominar el entorno (Descola, 2001, citado en Pequeño Ragone, 2026a),
pero la verdadera conservación, aquella que me legó mi abuelo Miguel Ragone,
exige entender el territorio como un flujo de relaciones, no como un depósito
de bienes estancados (Pequeño Ragone, 2026b).
Ese depósito
del padre es también la materialidad de un mandato. Destituir el modelo de
masculinidad fuerte y proveedora que él representaba implica, necesariamente,
desmantelar los espacios físicos que sostenían esa ilusión de control (Pequeño
Ragone, 2026a). Si quiero ensayar una masculinidad ecológica, anclada en la
ética del cuidado y la interdependencia con el monte y sus habitantes, debo
liberar a Los Pozos del peso muerto del pasado para que el presente pueda
respirar.
Emprendo el
regreso a Salta para pasar el Año Nuevo en familia. El cansancio del día y el
peso de los pensamientos me obligan a detenerme. Paro en el histórico bar del
cruce de Lumbreras, un lugar que hemos hecho nuestro a lo largo de estos años
de tránsito (Pequeño Ragone, 2025). Me siento a tomar una Fanta en lata. Ya es
de noche. Es la noche del 30 de diciembre del año en el que se murió mi papá.
El silencio del cruce rutero me envuelve, apenas interrumpido por el sonido
lejano de algún camión sojero que atraviesa la oscuridad. Pienso en la soledad
de este duelo, en la reconfiguración de mi familia, y en el desafío inmenso de
encontrar alianzas para sostener Los Pozos sin traicionar mis propias
convicciones éticas y políticas.
Afuera, en la
penumbra, el autito azul descansa. Adentro me esperan, con esa lealtad que no
exige explicaciones, Malko y Choco. Su presencia respirando en la noche no es
un detalle menor; son mis compañeros en esta diplomacia interespecífica,
testigos silenciosos de un hombre que viaja entre las ruinas del extractivismo
intentando, a fuerza de ensayo y error, recomponer el mundo común. Tomo el
último trago de la Fanta fría, arranco el Peugeot, y me lanzo a la ruta hacia
el 2022, sabiendo que la memoria de los que ya no están no se honra guardando
sus fierros oxidados, sino manteniendo vivo el movimiento de la tierra que
amaron.
Referencias
- Pequeño Ragone, F. (2025). Diario Personal
(DPersonal). Archivo personal inédito.
- Pequeño Ragone, F. (2026a). Ontologías de la
Naturaleza, Violencia y Cuidado: Hacia una Ecología Política de las
Masculinidades. Ensayo inédito.
- Pequeño Ragone, F. (2026b). El monte como
contrato: Miguel Ragone, la soberanía sobre los recursos naturales y las
ontologías no hegemónicas de la naturaleza. Ensayo elaborado para la
proyección del documental Ragone x Ragone. Facultad de Ciencias Naturales,
Universidad Nacional de Salta.

