Viaje 133.
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A propósito de la nota de Lucrecia Martel que “nuestra”
Martel nos invita a leer en el grupete.
Compañeras y compañeros (o compañerxs):
Han pasado cuarenta años desde que egresamos del Colegio
Belgrano. Hoy, los caminos nos llevan de regreso al mismo punto de partida,
pero transformados por el tiempo, por nuestras experiencias y trayectorias. Nos
volvemos a encontrar para celebrar, no solo lo que fuimos, sino lo que somos y
lo que todavía podemos construir juntos. En este regreso, la emotividad de los
abrazos, las risas y la nostalgia no para mí, señales vivas del valor de la
comunidad que supimos tejer y que aún con el paso del tiempo, persiste.
Tiempos de reencuentro: afecto, humor y sentido
Reviviendo el chat del reencuentro, la alegría y la gratitud
laten en cada mensaje: la emoción de vernos, de recordar historias compartidas,
de darnos tiempo para apreciar la vida que tejimos juntos. Con humor y
humanidad, nos reconocemos en los gestos y en la memoria, aceptando los cambios
que nos trajo la vida y celebrando que el afecto atraviesa distancias y
décadas. Compartimos fotos viejas y nuevas como declaraciones de identidad y
pertenencia. De “la Perica Martel”, enlazada a la sensibilidad artística de
Lucrecia, a quienes como en mi caso luchamos por el monte desde la raíz
popular, nuestra diversidad también se reencuentra y se abraza.
En estos intercambios renace la comunidad: el grupo es
refugio, es espejo, es la confirmación de que la vida vale más cuando la
vivimos juntos, incluso desde el humor y la ternura de lo cotidiano. Como bien
dijo uno de nosotros: sin este esfuerzo de reunirnos, “seguiríamos cada uno en
lo suyo, encontrándonos solo por casualidad”. La celebración compartida es una
reivindicación de la voluntad de ser y de hacer comunidad.
Cine, monte y diálogo: la comunidad como horizonte de
sentido
Si miramos un poco más allá y cruzamos nuestras vivencias
con el arte y la historia ambiental de nuestra tierra, el sentido de comunidad
se profundiza. El cine de Lucrecia Martel —y su crítica al individualismo y la
carrera personal— nos enseña que la conversación y el encuentro son la máxima
aventura y el verdadero valor político de vivir. Al igual que en el cine, la
trama de nuestra vida encuentra sentido real cuando se escribe en plural y
desde la escucha.
Por otro lado, la defensa de nuestro monte y de los bosques
nativos no es solo una causa ambiental, sino una apuesta al bienestar común, a
los vínculos que nos unen a la tierra y entre nosotros. En la medida en que
seamos capaces de dialogar —productores, artistas, defensores ambientales,
gestores públicos, vecinos— podemos tejer una red que haga frente a la
violencia, la fragmentación y la pérdida de sentido que hoy amenazan a la
sociedad y a la naturaleza.
Ambas miradas —la del arte y la del monte— nos recuerdan que
la comunidad no es un dato: es una creación permanente, frágil, pero poderosa.
Es diálogo, cuidado, reconocimiento de la diversidad. Es también el recurso más
importante para garantizar la felicidad y el bienestar real, mucho más allá de
logros materiales o reconocimientos personales.
NUESTRO reencuentro como acto político y celebración
vital
En este encuentro en el hermoso patio de los azares del Club,
celebramos cuarenta años de historia vivida desde un origen común en el lejano
ya Colegio Belgrano, pero más aún celebramos la persistencia de los lazos que
nos sostienen. Nos reencontramos en la palabra, en el abrazo, en los recuerdos
y en los sueños que aún podemos compartir. Construir y preservar comunidad —en
el colegio, en la ciudad, en la defensa del monte, en la cultura— es el desafío
y el horizonte que da sentido -desde mi más humilde opinión- a cada uno de nuestros pasos.
Si el mundo se está haciendo más duro, más individualista,
más fragmentado, la respuesta no es el encierro en uno mismo, sino la vuelta a
lo colectivo. Que este reencuentro sea, entonces, memoria y promesa. Y que la
conversación y la solidaridad que hoy renovamos nos sirvan como ejemplo para
seguir tejiendo futuro, en comunidad y con esperanza. Los abrazo compañerxs.
En el paraje de Las Víboras, sobre la ruta 5 en Anta, la comunidad se reúne en la vieja escuela para celebrar y homenajear a su patrona, la Virgen del Rosario de San Nicolás. En un evento organizado por los vecinos, entre quienes destaca el trabajo de Ariel Gómez, la fe se manifiesta en una ceremonia que combina la tradición popular con la profundidad de los sacramentos. En este contexto, el sacerdote Arturo Gómez Augier preside una misa que no solo honra a la Virgen, sino que también acoge a dos nuevos miembros de la Iglesia, los niños Mateo Ulises y Hernán Brian, a través del bautismo. La ceremonia, y en particular la homilía del sacerdote, se convierte en una profunda catequesis sobre el vínculo filial con Dios y María, la misión de los laicos y la maternidad espiritual como guía para la fe en Argentina.
La ceremonia comienza con el rito de bienvenida a Mateo Ulises y Hernán Brian. El sacerdote los recibe en nombre de la Iglesia y los marca con la señal de la cruz, un gesto que establece su nueva identidad cristiana. Inmediatamente, invita a padres y padrinos a hacer lo mismo, subrayando su rol como primeros transmisores de la fe.
Un aspecto notable es la interacción didáctica del sacerdote con los niños presentes, especialmente con Brian. A través de un diálogo sencillo, enseña que lo primero que un ahijado debe pedir a sus padrinos no es algo material como "plata", sino "la bendición". Este acto, que consiste en trazar la cruz en la frente del ahijado mientras se pronuncian palabras como "Dios te bendiga", define la esencia del padrinazgo como una responsabilidad primordialmente espiritual. El sacerdote extiende esta obligación a los padres, exhortándolos a "acostumbrarse a bendecirlo" a sus hijos siempre, estableciendo así una clara jerarquía de valores: lo espiritual precede a lo material.
El rito continúa con la profesión de fe, donde la comunidad recita el Credo, reafirmando las creencias en las que Ulises y Brian serán bautizados. A esto le sigue la renuncia a Satanás, un momento de gran carga teológica. El sacerdote enfatiza que Satanás "no es un mito" sino un "ser perverso y pervertidor", y la respuesta personal ("Sí, renuncio") se presenta como una elección consciente por el bien. Finalmente, los momentos culminantes del sacramento incluyen la unción con el óleo de los catecúmenos, la bendición del agua y el bautismo propiamente dicho. La ceremonia concluye con la entrega de la luz de Cristo, simbolizada por una vela, que representa la misión de vivir como "hijos de la luz".
La homilía del sacerdote Arturo Gómez Augier se centra en el pasaje del Evangelio de San Juan, donde Jesús, desde la cruz, entrega a su madre María al discípulo amado. El sacerdote desglosa este acto en dos motivos fundamentales que constituyen el núcleo de su mensaje.
El sacerdote lanza una invitación directa y casi un reproche a los devotos presentes: los exhorta a conocer y leer los mensajes de la Virgen, utilizando herramientas modernas como Google para acceder a ellos. Su análisis concluye con una llamada a la acción: los fieles deben asumir su rol en la consolidación de la "identidad cristiana católica" de Argentina, viviendo y transmitiendo la fe tanto en el ámbito privado (la familia) como en el público.
La ceremonia en Las Víboras trasciende el ritual para convertirse en una catequesis viviente. El sacerdote no se limita a administrar un sacramento, sino que educa activamente a su comunidad sobre sus responsabilidades espirituales. Al bautizar a Mateo Ulises y Hernán Brian, se les recuerda a todos los presentes que ser cristiano implica un camino como "nuevas criaturas" e "hijos de Dios". Este camino, según el mensaje del sacerdote, exige un vínculo filial con María, la escucha de sus mensajes —que son los de Cristo— y un compromiso activo, con el ejemplo y la palabra, para fortalecer y transmitir la fe en el entorno inmediato y en la nación.
Tras la solemne misa y la emotiva peregrinación de las imágenes en honor a la Virgen de Luján, la comunidad del paraje de Las Víboras se congregó para un almuerzo que fue mucho más que una simple comida: fue la manifestación tangible del espíritu de colaboración, fe y celebración que define a esta fiesta. La organización, liderada por vecinos comprometidos, y el desarrollo del evento revelan una red de afecto y trabajo compartido donde cada familia aportó para crear una verdadera fiesta comunitaria.
El almuerzo fue el resultado de una notable organización comunitaria, con roles y esfuerzos claramente definidos. La coordinación principal estuvo a cargo de Ariel Gómez, quien fue una figura central en la planificación. Su trabajo comenzó mucho antes del día de la celebración, ya que los preparativos, incluyendo la elaboración de los postres, se iniciaron desde el lunes anterior. Contó con la ayuda significativa de "Sato" y el aporte fundamental de "las chicas Gómez", quienes también colaboraron activamente en la logística del evento.
Este esfuerzo colectivo se materializó en una logística impresionante para un paraje rural. Se preparó un espacio de servicios detrás de la casa, destinado a un grupo más íntimo, mientras que el área principal se dispuso para la recepción general de los asistentes. La magnitud del evento se refleja en los números: se contaron aproximadamente 100 personas, unos 25 autos y varias motos, lo que evidencia el poder de convocatoria de esta celebración patronal.
El almuerzo se desarrolló bajo un modelo colaborativo, donde la organización proveyó la base, pero cada familia contribuyó para enriquecer la mesa. Los asistentes trajeron sus propias conservadoras, hielo, pan, gaseosas y algunas ensaladas. Todo lo aportado se dispuso y compartió en una gran mesa común, transformando las contribuciones individuales en un banquete para todos.
Me encontré con personas conocidas, como "la señora de la feria de Quijano", y compartí mesa con las hermanas Gómez.
La fiesta y el almuerzo no son eventos aislados, sino que hunden sus raíces en una tradición de aproximadamente 30 años. El origen está ligado a la devoción y a una promesa. La tradición comenzó con la señora Rufi que vivía frente a la vieja escuela, cuya hija padeció cáncer de mamas. Se realizaron rifas para comprar una imagen de la Virgen y se hizo una promesa por su curación. Aunque la hija finalmente falleció, la tradición de honrar a la Virgen y reunirse como comunidad perduró, cargando cada celebración de un profundo significado de fe, memoria y resiliencia.
La emotividad: Un pueblo que camina la fe y la tradición - La tradición: Un ritual de homenaje y orden - El pacto social: El tránsito de lo sagrado a la encarnación
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La Misa del Señor del Milagro en Piquete, lejos de ser una
simple ceremonia religiosa, es un ritual complejo y multifacético que se erige
como un poderoso pacto entre la fe, la tradición y la comunidad. A través de
una cuidadosa coreografía de la procesión y el posterior desfile gaucho, la
celebración articula un diálogo fluido y dinámico entre lo sagrado y lo
profano, donde la emotividad popular, el arraigo cultural y la estructura
social se entrelazan de manera inextricable. El informe sobre la Misa de 2025,
al detallar la organización de estos eventos, nos ofrece una ventana
privilegiada a este universo simbólico, revelando cómo el acto de fe se
convierte en un acto de identidad y pertenencia.
La emotividad en la festividad de Piquete se despliega en
dos niveles interconectados: el de la devoción individual y el de la comunión
colectiva. La procesión, con su estructura jerárquica, no es un mero
espectáculo, sino una experiencia participativa que apela directamente al
corazón de los fieles. El texto subraya que la procesión culmina con el
"pueblo santo de Dios" peregrinando detrás de sus imágenes
patronales, el Señor y la Virgen del Milagro. Esta posición, lejos de ser
secundaria, es una declaración teológica y un acto de profunda humildad. El
hecho de que la comunidad asuma el rol de seguir a sus santos y pastores genera
un sentimiento de humildad y entrega, reforzado por la presencia de los
"misachicos" y los peregrinos que portan sus propias réplicas, un
gesto de devoción personal que se integra en el torrente de fe colectivo. El
llamado a un "fuerte aplauso" para el sacerdote al unirse al desfile
revela el calor y la admiración popular que su gesto despierta, una explosión
de emoción colectiva que celebra la cercanía del pastor con su rebaño.
La tradición es el esqueleto cultural sobre el que se
construye toda la celebración. Se manifiesta en la estructura jerárquica de la
procesión, que ordena a los participantes en un "cosmos jerarquizado"
que refleja la concepción teológica de la Iglesia como "pueblo
peregrino". Desde la vanguardia de la policía y el soporte técnico,
pasando por los símbolos sagrados (la cruz) y las representaciones comunitarias
(los estandartes de los fortines y las banderas), hasta las imágenes sagradas y
el pueblo, cada elemento tiene un lugar y una función. Esta organización no es
un capricho, sino un ritual profundamente arraigado que genera un sentido de
pertenencia y unidad.
La tradición alcanza su máxima expresión en el ritual de
autorización del desfile gaucho. El acto de una paisana y un gaucho pidiendo
"venia" al sacerdote tiene claras reminiscencias de la disciplina
militar, donde las tropas solicitan permiso a la máxima autoridad para marchar.
Al replicar este ritual, el gauchaje subordina simbólicamente su manifestación
cultural a la autoridad de la Iglesia, transformando su desfile de un simple
acto folclórico a un homenaje solemne a la fe. Este intercambio verbal
—"Autorizados"— y el posterior aplauso del público sellan un pacto de
respeto y fidelidad entre la cultura gaucha y la Iglesia.
El punto culminante de la festividad y el corazón del pacto
social se encuentra en el tránsito del sacerdote de ser una figura de autoridad
externa a un participante integrado. Si el ritual de autorización establecía
una jerarquía clara, la posterior participación del padre Gómez Augier en el
desfile la disuelve y la enriquece. Al montar a caballo, vestido con su sotana
y el poncho salteño, el sacerdote se convierte en un
"gaucho-sacerdote", un puente viviente entre lo sagrado y lo profano.
Este gesto tiene múltiples capas de significado:
En conclusión, la Misa del Señor del Milagro en Piquete es
un laboratorio social donde la emotividad popular, las tradiciones arraigadas y
la fe se fusionan en un poderoso pacto social. Desde la estructura ordenada de
la procesión hasta el ritual de autorización y la posterior encarnación del
sacerdote en el desfile, cada acto construye y refuerza la identidad colectiva.
La celebración no solo renueva la fe, sino que también reafirma los lazos que
unen a la comunidad, demostrando que la devoción se vive plenamente cuando se
transita entre el atrio de la fe y el campo de la vida cotidiana.
[i] Orden:
Construye un ensayo focalizando la emotividad, la tradición y el tránsito entre
lo sagrado y el pacto social, a partir del siguiente texto. Encuentra un
título. Respeta los apartados principales como subtítulos.
Se recomienda pronta vacunación preventiva en bovinos, perros, gatos y humanos.
La tarde del miércoles 16 se llevó a cabo una reunión en la oficina de SENASA Lajitas, sobre la situación de la rabia bovina en la región, destacando la importancia de la prevención, vacunación y la colaboración entre productores, SENASA y el ente sanitario (Asociación de Vacunadores de Las Lajitas). A continuación reseñamos la alocución de Marcelo Pronos, principal responsable en la oficina de SENASA Lajitas, frente a los productores presentes.
El reciente brote de rabia bovina en territorio próximo a Apolinario
Saravia, ha puesto de manifiesto la persistencia de esta zoonosis en el norte
de Argentina. Lo que comenzó como un caso aislado en Carmen del Carmen, un área
de bajo riesgo aparente, escaló rápidamente con la aparición de nuevos focos
más al sur, específicamente en las cercanías del camino del Albarón y la zona
de la playa. Esta expansión, que "se saltó por el camino bronos, por
Burela para adentro", demuestra la capacidad del virus para moverse a
través de diversos entornos, incluso agrícolas. La detección de estos casos
recae principalmente en la vigilancia y experiencia de veterinarios ligados a
la Asociación de Vacunadores de Lajitas como el Dr. Sergio Marano, quienes
identifican la sintomatología nerviosa característica en los animales
afectados, culminando en un diagnóstico de laboratorio mediante análisis de
cerebro. Es crucial entender que la rabia no es un evento aislado en estas
latitudes; es una enfermedad endémica que "no se puede erradicar",
presente en toda la franja norte del país, con la excepción de la Puna. Aunque
la zona de Anta no había registrado brotes documentados por SENASA desde 2016 o
2017, si se registró la continuidad de la enfermedad en áreas cercanas en las
serranías de entre Metán y Rosario de la Frontera y hacia el oeste.
Ante la detección de un brote de rabia, SENASA implementa un
protocolo riguroso que busca contener la dispersión del virus y proteger la
ganadería. La medida más inmediata y fundamental es el establecimiento de un círculo
de vacunación obligatoria con un radio aproximado de 10 km alrededor del
foco inicial. Todos los productores dentro de este perímetro están compelidos a
vacunar a su ganado, transformando la vacunación voluntaria —práctica habitual
en condiciones normales— en una imposición legal para salvaguardar la salud
animal y humana.
Además de la vacunación masiva, se aplican restricciones
de movimiento de animales dentro de la zona de brote. Esta medida es vital
para evitar la diseminación del virus a otras áreas, y solo se levanta una vez
que todos los animales del círculo han sido vacunados y han transcurrido al
menos 30 días sin nuevos casos. La importancia de la vacunación continua
no puede subestimarse; incorporarla al plan sanitario anual no solo asegura la
protección individual del rodeo, sino que también contribuye a la demanda de
vacunas, incentivando una mayor producción y disponibilidad en el mercado. La eficacia
de la vacuna es notable, demostrando ser "altamente efectiva,
eficiente" al detener la mortandad en campos afectados una vez que se
implementa la inmunización. Este conjunto de medidas, que combinan la acción
obligatoria con la concientización sobre la prevención, es el pilar para
mitigar el impacto de la rabia bovina.
La rabia es una zoonosis de extrema gravedad, lo que
significa que "se transmite al ser humano" y es universalmente mortal
una vez que los síntomas se manifiestan, tanto en animales como en personas. La
percepción común de que la rabia solo se transmite por la mordedura de perros
rabiosos es incompleta y peligrosa. Existen vías de contagio al humano
que involucran la manipulación de bovinos enfermos, especialmente durante
actividades como la faena o el boqueo, donde el contacto con la saliva
infectada o la autoinoculación por heridas, incluso mínimas, puede ser
suficiente. Es crucial entender que el virus puede estar presente en la saliva
del animal "varios días antes de que el animal tenga sintomatología
nerviosa", lo que lo convierte en un portador contagioso aún sin síntomas
evidentes.
A pesar de que los bovinos pueden ser una fuente de
infección, el riesgo primordial para los seres humanos proviene de
perros y gatos. Estos animales, al ser carnívoros y tener la tendencia a
morder, son los principales vectores de transmisión directa a las personas. Por
ello, la vacunación de mascotas es de "muy importancia",
constituyendo la primera línea de defensa para la salud pública. Aunque existe
una vacuna antirrábica humana disponible en hospitales, que se aplica
tanto de manera preventiva para grupos de riesgo como post-exposición tras una
mordedura sospechosa, la prevención en la fuente animal sigue siendo la
estrategia más eficaz para evitar el contagio en personas.
Dentro de la cadena de transmisión de la rabia bovina, el vampiro
hematófago ( Desmodus rotundus) es el principal vector, a menudo
confundido erróneamente con el murciélago insectívoro común. Es vital
comprender esta distinción, ya que los vampiros se alimentan exclusivamente de
sangre y son morfológicamente diferentes. Los productores deben aprender a
identificar las mordeduras de vampiro en sus animales, que se presentan
como pequeños "saca bocado" o agujeritos, comúnmente en el cuello,
detrás de la oreja o alrededor del ano en vacas, y que en caballos pueden
generar un goteo persistente de sangre debido a la acción anticoagulante de la
saliva del vampiro.
No todos los vampiros son portadores de rabia, y aquellos
que se enferman no sobreviven mucho tiempo. La observación de vampiros
enfermos y comportamiento anormal, como ver a un vampiro o cualquier
murciélago "caminando por el piso", es una señal inequívoca de
infección y debe alertar a los productores. La identificación y manejo de
refugios de vampiros, que suelen encontrarse en "huecos de tronco, en
alcantarilla, en pozos de agua, el techo raso, las construcciones
abandonadas", es una tarea crítica que debe ser coordinada exclusivamente
con SENASA. La destrucción indiscriminada de estos refugios, como quemarlos, es
contraproducente, ya que dispersa a las colonias infectadas y expande el
problema. SENASA, mediante tratamientos específicos, busca controlar la
población y evitar la dispersión de colonias rabiosas, marcando los refugios
con GPS para un monitoreo efectivo y continuado.
La colaboración activa del productor es esencial para el
control efectivo de la rabia bovina. Ante la observación de un animal con sintomatología
nerviosa (como caídas, convulsiones, parálisis o dificultad respiratoria),
es imperativo "inmediatamente contactarse con un veterinario" y no
manipular al animal enfermo o muerto. El veterinario será el encargado de
tomar las muestras necesarias para el diagnóstico. Para que las vacunaciones
sean reconocidas por SENASA, y para evitar restricciones de movimiento en caso
de brote, el productor debe realizar la declaración de vacunación
presentando el acta firmada por un veterinario y una copia de la factura de
compra de la vacuna. Esto asegura que la inmunización sea correctamente
registrada en el sistema.
Mantener una actualización de stock de hacienda en
SENASA es otra obligación crucial. La falta de reporte de muertes o de cambios
en el número de animales puede generar bloqueos y levantar sospechas de
ocultamiento de casos o vacunación incompleta. Asimismo, el caravaneo de
los animales, especialmente terneros, es mandatorio antes del primer
movimiento, asegurando la trazabilidad del ganado. Las caravanas deben contener
el número de QUIIG del campo y su aplicación debe declararse con una planilla
específica. Finalmente, la relación entre SENASA y el ente sanitario es
un modelo de colaboración: mientras SENASA define las políticas, el ente, una
organización no gubernamental de productores, es el brazo ejecutor en el campo,
facilitando la comunicación y la difusión de información vital entre los
productores.
El brote de rabia bovina en la región de Apolinario Saravia
es una importante advertencia a tiempo, para los productores a lo largo de la ruta
5 entre Lumbreras y Las Lajitas que incluye la región más próxima al Parque
Nacional El Rey. Subraya la imperiosa necesidad de una vigilancia constante,
una vacunación oportuna y una estrecha colaboración entre todos los actores
involucrados para salvaguardar tanto la salud animal como la salud humana. La
rabia, con su naturaleza endémica y su letalidad, exige una respuesta integral
que va más allá de la mera contención.
Es fundamental destacar la advertencia y necesidad de no
"demonizar" o "estigmatizar" a los murciélagos a partir
de la difusión y las medidas recomendadas. El informe es claro: el principal
transmisor de la rabia a los bovinos es el vampiro hematófago (Desmodus
rotundus), no el murciélago insectívoro. Existe una confusión popular
que asocia a todos los murciélagos con el vampiro portador de rabia, generando
miedo y acciones contraproducentes, como la destrucción de colonias.
La mayoría de las especies de murciélagos son beneficiosas
para el ecosistema, cumpliendo roles cruciales como el control de insectos
(incluyendo plagas agrícolas), la polinización de plantas y la dispersión de
semillas. Exterminar indiscriminadamente a los murciélagos insectívoros no solo
es injusto, sino que también desequilibra el ecosistema y puede tener
consecuencias negativas para la agricultura y el medio ambiente.
La clave está en la identificación y el control
específico del vampiro hematófago a través de las autoridades competentes,
como SENASA, que aplican métodos controlados para manejar sus poblaciones sin
afectar a otras especies. Fomentar la educación y la distinción entre las
diferentes especies de murciélagos es vital para evitar reacciones exageradas y
perjudiciales. La rabia es un problema de salud pública y animal que requiere
un enfoque científico y racional, no la estigmatización de especies que son esenciales
para nuestros ecosistemas.
Revivo aquí los aspectos más relevantes vividos en la misa y procesión en honor a la Virgen del Carmen, celebrada en la localidad de Lumbreras. Es una visión profunda de la liturgia católica, la devoción mariana, la exhortación a la fe y la crítica social y religiosa desde la perspectiva del sacerdote Jesús Quintana invitado por la familia Juárez especialmente para la ocasión.
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| Junto a Andrea Juárez en la Capilla de Lumbreras |
La misa en Lumbreras, celebrada por el sacerdote Jesús Quintana, no solo fue un acto de devoción religiosa, sino también una reflexión sobre la conexión entre la fe y el cuidado del medio ambiente. Durante su sermón, el Padre Quintana destacó la importancia de una fe auténtica y comprometida. Pensé mientras lo escuchaba en la dedicación necesaria en la vida espiritual con la disciplina y el esfuerzo requeridos en el trabajo rural. Subrayó que la codicia y la búsqueda de beneficios materiales inmediatos. Y pensé que son los que pueden llevar a la sobreexplotación de los recursos naturales. Él desde la autoridad de Dios llamó a valorar el bien superior y eterno por encima de las ganancias económicas a corto plazo. En este sentido, el cuidado del entorno natural, especialmente de tesoros como el Parque Nacional El Rey ligado a Lumbreras, se presenta como una manifestación sagrada de la obra de Dios que la comunidad tiene la responsabilidad de proteger.
Luego de días de novena, la celebración fue la mañana fría del 16 de julio en la capilla de Lumbreras, donde se dieron cita un centenar de vecinos. Invitado por la familia Juárez, es la primera vez que comparto la tradición de fé, amor, promesas y silenciosas ofrendas en un ritual íntimo y conmovedor por su escala.
El sermón del padre Quintana en Lumbreras fue una
intervención de alto impacto que, utilizando un lenguaje rural y directo, llamó
a sus fieles a una coherencia radical entre su fe y su vida, sentando bases
éticas que aplican tanto a la devoción religiosa como al trabajo y la custodia
del entorno natural que los rodea.
El Padre Jesús Quintana enfatizó
que la Virgen del Carmen es la misma Virgen María bajo diferentes advocaciones
(Urcupiña, Guachana, del Milagro), destacando su rol como "madre elegida
por Dios para albergar en su seno nada menos que a la segunda persona de la
santísima trinidad, que es el hijo conocido por todos nosotros con el nombre de
Jesús."
En su atuendo blanco con la
insignia de la Cruz y tras unos gruesos lentes negros, con una simpatía
envolvente, nos instó a los fieles a considerar a María como nuestra propia
madre: "A María la tenemos que ver así, nuestra mamá." Y nos felicitó
por "celebrar a su mamá, a nuestra mamá, bajo un título llamado del
Carmen, pero es la Virgen María."
El sermón del sacerdote Quintana abordó directamente las
críticas de otras confesiones religiosas (evangélicos, mormones, testigos de
Jehová, adventistas, etc.) hacia la figura de la Virgen María, especialmente en
lo que respecta a su virginidad y la existencia de "hermanos" de Jesús.
Refutó la idea de que María
tuvo más hijos, explicando que en tiempos bíblicos "No existía el primo,
ni el cuñado, ni el tatarabuelo, ni el tío. A todo familiar cercano se le decía
el Poro [hermano]." Y reafirma la virginidad de María: "María no tuvo
a Jesús y no perdió su virginidad. Porque María no necesitó del hombre."
Criticó la "mediocridad de pensamientos" de quienes afirman que
"Todas las religiones son iguales," señalando que hay muy pocas
religiones (cristiana –donde se incluyen los católicos–, budista, musulmana,
judía). E hizo un llamado a la apertura al espíritu y a no ser "cabeza de termo"
en las cosas de Dios, especialmente respecto a la virginidad y maternidad
divina de María.
En la misa Jesús Quintana, el
sacerdote, realizó una fuerte crítica a la falta de compromiso y la
superficialidad en la fe de algunos católicos, comparando su entusiasmo en
eventos mundanos con su pasividad en la iglesia. "¿Por qué al baile van
adelante? ¿Por qué a los partidos de fútbol van platea? ¿Por qué al corso se
pelean para para que les bailen? ¿Por qué ante Dios siempre nos relegamos? Le
hacemos como como de menos a Dios." Dijo.
Y cuestionó la pereza en la
oración, particularmente el rezo del rosario ("¿cuánto demoramos para
rezar el rosario? 15 minutos. ¿Cuánto estamos con el celular? Horas de horas
viendo tontera y nos cansa el rosario."). Fomentó la lectura de la
Biblia y materiales religiosos, criticando a quienes los consideran caros o los
tienen solo como adorno. "La Biblia tiene que estar ahí en la mesa para
que todos la lean."
En el encuentro santo, el
orador hizo hincapié en la diferencia entre las peticiones mundanas y la
búsqueda de la vida eterna, usando como ejemplo la parábola del buen samaritano
y la pregunta al Doctor de la Ley sobre la herencia de la vida eterna.
Contrastó las peticiones comunes ("Señor, concédeme una novia linda...
dame plata... que gane mucha plata") con la pregunta del Doctor de la
Ley ("Señor, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?").
Y reiteró la importancia de "hacer el bien" y
hacerlo "por amor," aludiendo a la parábola del buen samaritano como
modelo de acción desinteresada y compasiva.
Promediando la misa el
sacerdote Quintana enfatizó la sacralidad de la Eucaristía y la necesidad de
estar en gracia de Dios para comulgar. Explicó la transustanciación: "Era
pan antes de la misa, luego de la transanciación se convirtió en cuerpo y
sangre." Y subrayó que "Lo más fundamental que tienen ustedes en
esta capilla es el sagrario." Con firmeza, estableció claramente
quiénes pueden comulgar: "Los que están confesados, los que están
casados por iglesia, no juntaditos ni por civil, eso no vengan a mentirme a
mí... Los que rezan todos los días, los que están confesados, los que van a
misa todos los sábados, en este caso acá, eso pueden acercarse a comulgar. El
resto tranquilo porque dice Pablo, preferible no comulgar que recibir mal la
comunión."
Finalmente, el sacerdote Jesús
Quintana compartió una perspectiva cruda y realista sobre el manejo de la
muerte y la hipocresía en los funerales, así como la importancia de la
prevención personal. Criticó el "circo" de algunos velatorios y la
falsedad en el duelo: "Somos más falsos que a la esquina, ¿no? Y ahí
todo... es un circo eso. Gente que se revuelca, y no ha hecho un carajo por la
persona que está en el carro." Advierte sobre la codicia en las
herencias: "Y es el que después va a ver qué dejó el papá, qué dejó la
mamá. Son unos mangas de sinvergüenza." Y terminó ofreciendo un
consejo práctico y poco convencional sobre la cremación para evitar problemas
económicos a los hijos con los cementerios: "háganse cremar. No van a
pagar el cementerio los hijos de ustedes. Olvídense, terrible"
La misa de la Virgen del Carmen en Lumbreras, la que en la
mañana compartí junto a un centenar de vecinos, no fue solo una celebración
litúrgica, sino también un espacio para la catequesis profunda y la exhortación
moral. El sacerdote Quintana especialmente invitado, combinó la enseñanza
teológica sobre la figura de María y la Eucaristía con una crítica directa a
las actitudes de los fieles y de otras confesiones religiosas. Su mensaje
central fue un llamado a una fe más auténtica, comprometida y vivida en la
caridad, en contraste con la superficialidad y el interés propio que a menudo
caracterizan la relación de las personas con lo divino.
Final del formularioPosterior
a la misa, tras un breve momento de congregación frente al campanario de la
capilla, con las vírgenes a cuesta de los hombros de los hombres, de las
familias organizadoras, la procesión bajo el cielo plomizo y frío intenso, se
desplazó por la plaza, hizo un alto en la Comisaría del pueblo para bendecirla
y continuó hacia la intersección de la ruta 5.
Lumbreras es una pequeña localidad en el departamento de
Metán, provincia de Salta, Argentina. Se encuentra en la intersección de la
Ruta Nacional 34 y la Ruta Provincial 5, a unos 43 kilómetros al norte de San
José de Metán y a 15 kilómetros de Río Piedras. Se la considera la puerta de
entrada al Parque Nacional El Rey.
La Virgen del Carmen es una figura central en muchas
localidades de Salta, y su celebración involucra a toda la comunidad. La misa y
procesión de la Virgen es un evento que une a los habitantes de Lumbreras en
una manifestación pública de su devoción. El cielo plomizo y el frío intenso la
mañana de la procesión tras los días de novena, crearon una atmósfera solemne y
sacrificada a la celebración.
La capilla y su campanario son el corazón de la vida
religiosa del pueblo, y la plaza, el espacio de encuentro social. La bendición
a la Comisaría ha sido un gesto en busca de la protección divina para quienes
cuidan de la comunidad.
En Lumbreras también se celebran otras festividades
religiosas de importancia, como la fiesta en honor al Señor y la Virgen del
Milagro, que congrega a la comunidad cada 22 de septiembre. Además, el pueblo
ha ganado notoriedad en los últimos años por el festival "FestiLuz",
un evento familiar con entrada libre y gratuita que combina música y
gastronomía local, y que se ha convertido en una tradición en el sur de Salta.
El estilo crudo y directo del Padre Quintana, lejos de ser
improcedente, adquirió una especial relevancia en el contexto de una pequeña
localidad rural de Lumbreras.
Su lenguaje directo y genuino en una pequeña comunidad
como Lumbreras, donde las relaciones son cercanas y se valora la franqueza
sobre la formalidad, un lenguaje sin rodeos como el que usó llega seguro como más
auténtico y honesto. Habló con la misma franqueza con la que se habla del
clima, la cosecha o los problemas cotidianos.
Realidades Reconocibles: Sus críticas a la hipocresía
en duelos o la codicia en herencias tienen fuerza en un entorno donde los
dramas familiares son conocidos por gran parte de la comunidad. No es una
crítica abstracta, sino que aludió a comportamientos que los presentes pueden
reconocer fácilmente. Su llamado a una fe comprometida y no superficial se
alinea con la ética del trabajo rural, sobre valores compartidos que exigen
esfuerzo constante, paciencia y dedicación. Su advertencia contra la pereza en
la oración es un eco de la advertencia contra la pereza en el campo, donde las
consecuencias son directas y visibles.
El mensaje del Padre Quintana durante la misa de la mañana
incorporó valores que conectan directamente con el monte y el ambiente,
especialmente considerando que Lumbreras es la "puerta de entrada al
Parque Nacional El Rey". Su llamado a una fe auténtica, comprometida y
alejada de la superficialidad es un reflejo directo de la naturaleza del
trabajo en el campo. La agricultura o la ganadería no permiten la mediocridad
ni la pereza; exigen un compromiso diario y una conexión genuina con la tierra
y los animales. Su crítica a la "pasividad en la iglesia" fue una
interpelación a aplicar la misma disciplina y dedicación del trabajo rural a la
vida espiritual.
Al contrastar las peticiones mundanas ("dame
plata") con la búsqueda de la vida eterna, criticó indirectamente el afán
de lucro desmedido. Esta misma codicia es la que a menudo impulsa la
sobreexplotación de recursos naturales y el daño ambiental. Su mensaje invitó a
valorar un bien superior y eterno por sobre el beneficio material inmediato.
Esta es la base de la ética de la conservación: proteger el medio ambiente (un
bien a largo plazo para las futuras generaciones) por encima de la ganancia
económica a corto plazo. Finalmente, su énfasis en el cuidado de la fe y el
alma puede extenderse por analogía al cuidado de la Creación. Si el sagrario es
lo más fundamental de la capilla por contener el cuerpo de Cristo, el entorno
natural, especialmente un tesoro como el Parque Nacional El Rey ligado a
Lumbreras, puede ser visto como una manifestación sagrada de la obra de Dios
que la comunidad tiene la responsabilidad de proteger.
La idea del proyecto para la microrregión de Yungas, inicialmente denominada "Microregión Tierra de Reyes" y luego convenida como "Micro Región Reino Yungas", surgió en el Foro de Turismo Microregional. Fue durante setiembre de 2024. Este evento tuvo como objetivo presentar las fortalezas turísticas de los alrededores de Lumbreras. Durante el foro, estudiantes del Colegio Secundario "Profesor Virgilio Choque" de Lumbreras, quienes habían relevado los atractivos naturales y culturales de la zona, presentaron su visión de un corredor turístico que integrara Lumbreras, Río Piedras y Las Lajitas. Lo revolucionario de este génesis fue su modelo de gobernanza horizontal, priorizando el diálogo entre estudiantes, guardaparques, vecinos, emprendedores y autoridades locales, incluyendo a la intendenta Moira Dantur, en lugar de discursos protocolares o imposiciones jerárquicas. Este enfoque colaborativo, donde "Somos todos", sentó las bases para un proyecto de turismo sostenible y desarrollo comunitario que desafía las lógicas verticales del poder.
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| Vista lateral de Pacha Kanchay |
En el corazón polvoriento de la ruta 20, camino al majestuoso Parque Nacional El Rey, se alza Pacha Kanchay, un parador cuyo quincho se convierte, por un instante fugaz, en el epicentro de una comunidad que palpita entre la tradición rural y las punzantes expectativas de la juventud. El almuerzo que Cristina Pérez, alma y sazón del lugar, sirve con la generosidad de quien conoce el hambre del cuerpo y del espíritu, trasciende la mera necesidad fisiológica para transformarse en un ritual de encuentro, un espacio donde las emociones se despliegan y las visiones de futuro, a menudo contradictorias, encuentran voz. Este relato, tejido con los hilos del apetito compartido y las confesiones espontáneas, nos revela la emotividad de una juventud rural que, arraigada a la tierra por lazos ancestrales, anhela un horizonte más allá de los límites conocidos, mientras la figura de Cristina emerge como un faro de conexión en un paisaje social en constante redefinición.
La llegada de Aníbal Teseyra y Nahuel Flores a la mesa de Cristina no es casual. Estos jóvenes trabajadores de Lumbreras, cansados por el trabajo reciente en las sendas de El Mollar, personifican la fuerza vital de una comunidad que se aferra al trabajo como un legado y una necesidad. Su entusiasmo palpable ante los fideos con "tuco", descritos con la visceralidad de un apetito genuino ("coma de hombre", "alpado", "zarpado"), no solo celebra la maestría culinaria de Cristina, sino que también subraya la importancia de estos momentos de pausa y camaradería en una rutina marcada por la exigencia física. Sin embargo, tras la satisfacción de los primeros bocados, emergen las notas de una emotividad más compleja: la de una juventud que, a pesar de su conexión intrínseca con el trabajo rural, vislumbra un futuro distante de los surcos y el monte.
Sus relatos laborales, que se remontan a la caza y la pesca
de la infancia y se extienden a las cosechas lejanas y los proyectos
municipales, pintan un cuadro de resiliencia y adaptabilidad. Han aprendido
oficios sobre la marcha, forjando su identidad en la práctica y la necesidad.
Pero es precisamente esta familiaridad con la dureza del trabajo rural la que
alimenta su anhelo de "irse a otra parte". En sus voces resuena la
emotividad del desencanto ante la falta de oportunidades sociales en Lumbreras,
un pueblo que perciben como "aburrido" y donde la tradición parece
haber perdido su brillo. Su franqueza al describir a sus habitantes con un
términos crudos revela una profunda sensación de alienación y un quiebre con la
identidad comunitaria que quizás las generaciones anteriores daban por sentada.
Sus expectativas se dirigen hacia un horizonte urbano, hacia un dinamismo y una
anonimidad que contrastan con la vida pausada y la omnipresente mirada vecinal
de su pueblo natal.
En este contexto de anhelos juveniles y una comunidad en
búsqueda de su nueva identidad, la figura de Cristina Pérez se vuelve un faro
donde mirarse. Su establecimiento no es solo un lugar para saciar el hambre; es
un punto de encuentro donde las historias se cruzan, las generaciones dialogan
y, por un instante, se mitigan las distancias. Cristina, con su "fama de
buena cocinera", no solo alimenta cuerpos cansados, sino que también nutre
el tejido social. Su habilidad para preparar desde un sustancioso estofado
hasta los emblemáticos "sandwichitos de milanga" la convierte en un
referente para trabajadores de la ruta, viajeros y lugareños por igual. Su cocina,
meticulosamente sincronizada con los horarios de llegada y las peticiones por
mensaje, es un acto de servicio constante, una demostración de su arraigo y
compromiso con la comunidad.
Es en torno a su mesa donde las expectativas y la emotividad
de los jóvenes se confrontan con las realidades de una comunidad en transición.
Aunque Aníbal y Nahuel expresen su deseo de partir, su presencia en Pacha
Kanchay, su disfrute de la comida de Cristina y su interacción con Fernando
sugieren un lazo que aún los une a su lugar de origen. Cristina, sin idealizar
la vida rural, ofrece un espacio de acogida y conexión, un punto de referencia
en un mundo que parece estar cambiando rápidamente. Su rol trasciende el de
simple comerciante; se convierte en un eslabón que une diferentes generaciones
y perspectivas, facilitando un diálogo implícito sobre el pasado, el presente y
el futuro de la comunidad.
El almuerzo en Pacha Kanchay, en su fugacidad, captura la
esencia de una comunidad rural que intenta reidentificarse en el contexto del
trabajo y las cambiantes aspiraciones de sus jóvenes. La emotividad del
desencanto juvenil, el anhelo de nuevas experiencias y la búsqueda de un lugar
en el mundo contrastan con la figura central de Cristina, cuyo establecimiento
se erige como un espacio de conexión y arraigo. En este cruce de caminos y de
generaciones, la comida compartida se convierte en un símbolo de la persistencia
de los lazos comunitarios, aunque estos se vean tensionados por las
expectativas de un futuro incierto. Pacha Kanchay, con el sabor inconfundible
de la cocina de Cristina, se convierte así como un microcosmos en la región de
la ruta 5 próxima al Parque El Rey que, entre el trabajo duro y los sueños de
la juventud, busca un nuevo camino para integrarse y definirse en el siglo XXI.
La noche en la Casa de la Cultura no fue solo la presentación de un libro; fue un encuentro, un regreso a lo esencial, un anclaje en la tierra y en el alma que resonó profundamente en mi propio sentir. Al escuchar a Marta Navarrete compartir sus versos y reflexiones, percibí cómo las ideas que vertebran su obra —el afecto, la exploración interior, el amor a la naturaleza y la afirmación de la identidad a través del arte— no solo configuraban su universo poético, sino que también tendían puentes directos hacia mi propia experiencia y mi profundo sentimiento de familia en la región anteña.
Mi llegada a la Casa de la Cultura esa noche ya venía
cargada de la particular topografía emocional y geográfica que describo: la
larga cañada de la ruta 5, los cerros del Parque El Rey y la loma del Yeso, el
mosaico de identidades –propietarios, campesinos, finqueros– que pueblan este
territorio que siento como propio, como hogar. Es un espacio que configura
capas, que entrelaza y a veces separa, pero que indudablemente moldea a quienes
lo habitamos. En Marta Navarrete, mujer nacida en Campo Santo, reconocí de
inmediato esa impronta del territorio rural y periurbano que la atraviesa y la
contiene, que la forma. Su abrazo a los mandatos de la familia y el amor a los
suyos, tan palpable en su celebración de una vida larga y próspera junto a sus
seres queridos, se conecta de manera visceral con mi propio sentimiento de
pertenencia a esa "gran familia" regional que se dio cita esa noche.
El afecto y las relaciones humanas, ejes centrales en la selección de poemas de
Marta según el análisis de sus ideas, no son para mí conceptos abstractos, sino
la savia misma que nutre mi conexión con esta tierra y su gente. Su sincero
agradecimiento, el emotivo homenaje a su cuñado, la inclusión de poemas de
amor, todo ello resonaba con la valoración que doy a esos vínculos que, como
ella misma afirma con su poesía, nos sostienen y conectan corazones.
Pero la identificación con Marta fue más allá de la
celebración comunitaria. Cerrar los ojos en ese salón y visualizarla a ella y a
Ricardo armándose en un mundo de manuscritos, un mundo que contrasto con el enmarañado
tecnológico de las urgencias digitales, fue un acto de profunda celebración. Marta
y Ricardo no usan computadoras, ni teclados, ¡escriben “a mano”! Es un mundo
que siento que se extingue y que, al igual que Marta, celebro con fuerza. Esta
resistencia, esta elección consciente de la lentitud, de la palabra escrita a
mano, de la conexión con un proceso creativo artesanal, me devuelve a una
valoración de lo interior, de lo no mediado por la prisa digital. Y aquí, las
ideas de Marta sobre la exploración del sentimiento y el mundo interior
("hechos con el alma"), así como su afirmación de la identidad a
través del arte y la tradición (manifestada en su afinidad con la copla), se
entrelazan con mi propia añoranza y valoración de ese universo. Sus poemas son,
para mí, la materialización de esa profundidad interior que se opone al vacío
de la superficie digital, un recordatorio de que el alma y sus emociones son un
paisaje digno de ser explorado y compartido en su forma más pura.
La naturaleza, ese lenguaje vivo y contexto emocional que
Marta tan bellamente "traduce", fue quizás el punto de conexión más
directo y potente. Pienso en la gran cañada tras los cerros de Güemes, en Anta,
el tramo de la ruta cinco, como parte de "nuestras historias y espacios
vitales", estoy hablando el mismo idioma que Marta cuando evoca las
imágenes vívidas del entorno en sus versos. Su capacidad para hacer que la
tierra, el viento, el sol y la noche palpiten en sus poemas, estableciendo una
conexión profunda entre el ser humano y el mundo que lo rodea, fue como una
flecha que salió de su alma directo a mi corazón. Me encontré sobrevolando con
ella esa misma cañada que compartimos, reconociendo en su poética el eco de mi
propio sentimiento por ese paisaje que nos contiene y nos da identidad. Es una
conexión que trasciende la simple observación; es sentir el territorio como
parte constitutiva del ser, como espejo de las propias emociones, tal como
Marta lo plasma en su obra.
La identificación con Marta Navarrete, entonces, se teje a
través de estos hilos conductores: la profunda valoración de los lazos humanos
y la familia que ancla mi ser a esta región; la celebración de un mundo
interior rico y de una forma de crear arraigada en la tradición y opuesta a la
superficialidad digital; y, sobre todo, el amor compartido por una naturaleza
que no es solo paisaje, sino lenguaje y hogar. Sus poemas, "hechos con el
alma" y anclados en la tierra que ambos conocemos en la ruta 5,
"llenaron mi alma" esa noche, confirmando que, a pesar de las
diferencias generacionales o de trayectoria, habitamos y celebramos un mismo
universo de afectos, memorias y paisajes interiores y exteriores. La aparente
sencillez de su copla, conviviendo con la profundidad de sus poemas de amor y
espiritualidad, refleja para mi esa búsqueda constante de significado en lo
cotidiano y en lo trascendente que también me interpela. En la poesía de Marta
Navarrete, encontré no solo la voz de una poeta, sino el eco de un sentimiento
compartido, un recordatorio palpable de que la identidad y el afecto florecen
en la conexión profunda con la tierra, con los otros y con nuestro propio mundo
interior. La noche en la Casa de la Cultura fue, en esencia, un reencuentro con
esa gran familia que somos quienes habitamos y amamos una región anteña de la
ruta cinco, unidos por los tejidos invisibles del alma y la tierra que Marta,
con su arte, hizo visibles y vibrantes.