domingo, 2 de marzo de 2025

Semillas del Pasado, Frutos del Presente: El Legado Agrario de un Padre en la Vida de Elsa Quintana

Tuve la intensa experiencia de conversar con Elsa Quintana en su finca, la Cábala I' Tomé, camino al PN el Rey y próxima a la intersección con la ruta 5. Elsa describió su vida rural, mostrándome su hogar, sus animales, huertos y la gran cantidad de plantas frutales y ornamentales en medio de los nativos árboles gigantes entre los que se emplaza Cábala I' Tomé, en lo alto de la loma. Ella me relató la historia de objetos antiguos en su propiedad y me compartió sus experiencias con la agricultura, la cocina y la producción de alimentos artesanales, como los jamones de cerdo y vaca y una mayonesa casera que probamos tomando té. Elsa me compartió detalles personales sobre su familia, desafíos emocionales a lo largo de su vida y su adaptación a la soledad cargada de vida en el campo. También abordamos sus planes para mejorar su propiedad y atraer turismo, a pesar de las dificultades que enfrenta. Me emocionó su espíritu emprendedor, su amor por la vida rural y su deseo de compartirlo con otros. Su gran fortaleza interna y el manejo de las huellas que la vida va dejando.

Acceso a la casa de Elsa, ruta 20, camino al PN El Rey

La existencia de Elsa Quintana se erige como un homenaje viviente a la conexión intrínseca con la tierra, un legado invaluable transmitido por su padre, quien no solo fue su progenitor, sino también su mentor y guía en el arduo, pero gratificante, camino de la vida rural. Su relato, intrincadamente tejido con los hilos de una herencia familiar en la provincia de Jujuy y una travesía personal que oscila entre la urbe salteña y la serenidad del campo, revela una elección deliberada: la de mantener encendida la llama de la memoria y las enseñanzas paternas en cada rincón de su propiedad.

Desde sus albores, Elsa cultivó un vínculo singular con su padre, acompañándolo diligentemente en las faenas agrícolas y desentrañando junto a él los secretos que la tierra celosamente guardaba. Mientras su madre, consagrada directora de una escuela rural, volcaba su energía en la noble tarea de educar, Elsa hallaba su verdadera vocación en la labor codo a codo con su progenitor, empapándose de su sabiduría ancestral y compartiendo un amor incondicional por la naturaleza. Esta comunión de espíritus se consolidó con el devenir del tiempo, erigiéndose en un pilar inquebrantable de su identidad y un faro que iluminaría sus decisiones venideras.

La construcción de Cábala I' Tomé desde hace más de veinte años; hoy con su profusión de árboles frutales meciéndose al compás del viento, las vertientes de agua murmurando melodías ocultas y la compañía leal de los animales, se transformó en el crisol de sus experiencias y aprendizajes. Allí, entre el aroma embriagador de los limoneros y mandarinos en flor, las piedras de molino que evocaban relatos de ultramar y los aperos vetustos que atestiguaban el paso del tiempo, Elsa desarrolló un profundo respeto por la tradición y un ferviente anhelo de salvaguardar el legado que sus ancestros le habían confiado.

Cuando las vicisitudes de su vida la impulsaron a abandonar su empleo en el banco provincia de Salta y retornar al seno del campo, Elsa no titubeó en abrazar el desafío. A pesar de las apremiantes dificultades económicas y las tensiones familiares que amenazaban con socavar su espíritu, halló en Cábala I' Tomé un oasis de paz y un propósito trascendental. Emulando el ejemplo de su padre, aprendió con diligencia a labrar la tierra, a cuidar de los animales y a elaborar productos caseros con sus propias manos, transformando su hogar en un ecosistema autosuficiente y rebosante de vitalidad. Elsa me enfrenta a una verdad cruda: la vida se sostiene sobre la muerte. Su habilidad para ambos procesos, matar y crear, es sobrecogedora para mi. Elsa me contó que ella misma mata los animales que cría y los procesa en alimentos.

La propiedad de Elsa, más que un simple espacio físico, es un espejo que refleja su alma emprendedora y su admirable capacidad de adaptación. Desde el colectivo reciclado como vivienda, testimonio de su ingenio y su capacidad de convertir las dificultades en oportunidades, hasta el complejo sistema de gestión del agua que administra con maestría, cada detalle de su hogar proclama su destreza y su inquebrantable amor por el trabajo manual. A pesar de los obstáculos que se interponen en su camino, como la ausencia de respaldo por parte de su familia y las constantes limitaciones económicas, Elsa se mantiene incólume en su determinación de seguir adelante, honrando la memoria de su padre y anhelosa de poder transmitir su valioso legado a las generaciones venideras.

En Cábala I' Tomé, Elsa ha logrado gestar un universo singular, un microcosmos donde el tiempo pareciera ralentizarse y la naturaleza despliega su majestuosidad en cada estación. Allí, arropada por la compañía de sus animales, la generosidad de sus árboles frutales y el silencio cómplice de los objetos antiguos, Elsa encuentra la serenidad y la inspiración necesarias para continuar creando, innovando y compartiendo su historia con el mundo. Su vida, en definitiva, es una oda a la resiliencia, al amor por la tierra y al poder transformador del legado familiar, una prueba fehaciente de que las semillas sembradas con esmero en el pasado pueden germinar en frutos abundantes y perdurables en el presente.



Un Resguardo en el Paisaje: La Presencia de Julio Abracaite en la Finca de Elsa Quintana

La vida en el campo, a menudo idealizada por su serenidad y conexión con la naturaleza, también presenta desafíos singulares, especialmente para aquellos que eligen transitarla en soledad. En este contexto, la figura de Julio Abracaite emerge como un elemento crucial en la vida de Elsa Quintana, la tejedora de memorias y tradiciones en Santo Tomé. Julio no es simplemente un ayudante; su presencia representa un resguardo, una mano amiga en el día a día de una existencia ligada al ritmo implacable de la tierra.

Julio Abracaite es oriundo de Piquete Cabado, una zona conocida como "Tierra Caliente". Este origen no es menor, ya que su conocimiento del entorno y las labores del campo lo convierten en un colaborador valioso para Elsa. La relación entre Elsa y Julio no es nueva, ella menciona que Julio trabajó con ella y su exmarido Jorge en el pasado, lo que sugiere un vínculo de confianza y familiaridad preexistente que facilita la colaboración y el entendimiento mutuo. Su colaboración se extiende a diversas tareas, desde machetear las laderas hasta ayudar con reparaciones en el techo, al poner membrana.

Recorriendo el lugar, Elsa me mostró el galpón donde se guardaban herramientas chicas, al tiempo que me comentaba que le dio el sitio a Julio para que viva allí, proporcionándole un lugar donde vivir además de algún salario por su ayuda y cuidado del lugar. La relación entre Elsa y Julio trasciende la mera relación laboral. Su interacción revela un vínculo de colaboración y apoyo mutuo, donde ambos se benefician de la presencia del otro. Elsa valora la ayuda que Julio le brinda en las tareas del campo, y a su vez, le ofrece un lugar donde vivir y la oportunidad de trabajar.

La presencia de Julio en la finca de Elsa no solo alivia la carga de trabajo, sino que también brinda compañía y seguridad. En un entorno donde la soledad puede ser un desafío, contar con alguien de confianza como Julio se convierte en un factor determinante para mantener la calidad de vida y el bienestar emocional.

La presencia de Julio en la vida cotidiana de Elsa es un reflejo de la importancia de la comunidad y la solidaridad en la vida rural. En un mundo donde los lazos sociales se debilitan, su relación representa un ejemplo de cómo el apoyo mutuo y la colaboración pueden fortalecer los vínculos humanos y permitir a las personas superar los desafíos y mantener viva la conexión con el campo.


Viaje 107

 Viaje 107. 

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