Viaje 109.
Más fotos, aquí.
Tuve la intensa experiencia de conversar con Elsa Quintana en su finca, la Cábala I' Tomé, camino al PN el Rey y próxima a la intersección con la ruta 5. Elsa describió su vida rural, mostrándome su hogar, sus animales, huertos y la gran cantidad de plantas frutales y ornamentales en medio de los nativos árboles gigantes entre los que se emplaza Cábala I' Tomé, en lo alto de la loma. Ella me relató la historia de objetos antiguos en su propiedad y me compartió sus experiencias con la agricultura, la cocina y la producción de alimentos artesanales, como los jamones de cerdo y vaca y una mayonesa casera que probamos tomando té. Elsa me compartió detalles personales sobre su familia, desafíos emocionales a lo largo de su vida y su adaptación a la soledad cargada de vida en el campo. También abordamos sus planes para mejorar su propiedad y atraer turismo, a pesar de las dificultades que enfrenta. Me emocionó su espíritu emprendedor, su amor por la vida rural y su deseo de compartirlo con otros. Su gran fortaleza interna y el manejo de las huellas que la vida va dejando.
![]() |
| Acceso a la casa de Elsa, ruta 20, camino al PN El Rey |
La existencia de Elsa
Quintana se erige como un homenaje viviente a la conexión intrínseca con la
tierra, un legado invaluable transmitido por su padre, quien no solo fue su
progenitor, sino también su mentor y guía en el arduo, pero gratificante,
camino de la vida rural. Su relato, intrincadamente tejido con los hilos de una
herencia familiar en la provincia de Jujuy y una travesía personal que oscila
entre la urbe salteña y la serenidad del campo, revela una elección deliberada:
la de mantener encendida la llama de la memoria y las enseñanzas paternas en
cada rincón de su propiedad.
Desde sus albores,
Elsa cultivó un vínculo singular con su padre, acompañándolo diligentemente en
las faenas agrícolas y desentrañando junto a él los secretos que la tierra
celosamente guardaba. Mientras su madre, consagrada directora de una escuela
rural, volcaba su energía en la noble tarea de educar, Elsa hallaba su
verdadera vocación en la labor codo a codo con su progenitor, empapándose de su
sabiduría ancestral y compartiendo un amor incondicional por la naturaleza.
Esta comunión de espíritus se consolidó con el devenir del tiempo, erigiéndose
en un pilar inquebrantable de su identidad y un faro que iluminaría sus
decisiones venideras.
La construcción de
Cábala I' Tomé desde hace más de veinte años; hoy con su profusión de árboles
frutales meciéndose al compás del viento, las vertientes de agua murmurando
melodías ocultas y la compañía leal de los animales, se transformó en el crisol
de sus experiencias y aprendizajes. Allí, entre el aroma embriagador de los
limoneros y mandarinos en flor, las piedras de molino que evocaban relatos de
ultramar y los aperos vetustos que atestiguaban el paso del tiempo, Elsa
desarrolló un profundo respeto por la tradición y un ferviente anhelo de
salvaguardar el legado que sus ancestros le habían confiado.
Cuando las vicisitudes
de su vida la impulsaron a abandonar su empleo en el banco provincia de Salta y
retornar al seno del campo, Elsa no titubeó en abrazar el desafío. A pesar de
las apremiantes dificultades económicas y las tensiones familiares que
amenazaban con socavar su espíritu, halló en Cábala I' Tomé un oasis de paz y un
propósito trascendental. Emulando el ejemplo de su padre, aprendió con
diligencia a labrar la tierra, a cuidar de los animales y a elaborar productos
caseros con sus propias manos, transformando su hogar en un ecosistema
autosuficiente y rebosante de vitalidad. Elsa me enfrenta a una verdad cruda:
la vida se sostiene sobre la muerte. Su habilidad para ambos procesos, matar y
crear, es sobrecogedora para mi. Elsa me contó que ella misma mata los animales
que cría y los procesa en alimentos.
La propiedad de Elsa,
más que un simple espacio físico, es un espejo que refleja su alma emprendedora
y su admirable capacidad de adaptación. Desde el colectivo reciclado como
vivienda, testimonio de su ingenio y su capacidad de convertir las dificultades
en oportunidades, hasta el complejo sistema de gestión del agua que administra
con maestría, cada detalle de su hogar proclama su destreza y su inquebrantable
amor por el trabajo manual. A pesar de los obstáculos que se interponen en su
camino, como la ausencia de respaldo por parte de su familia y las constantes
limitaciones económicas, Elsa se mantiene incólume en su determinación de
seguir adelante, honrando la memoria de su padre y anhelosa de poder transmitir
su valioso legado a las generaciones venideras.
En Cábala I' Tomé, Elsa ha
logrado gestar un universo singular, un microcosmos donde el tiempo pareciera
ralentizarse y la naturaleza despliega su majestuosidad en cada estación. Allí,
arropada por la compañía de sus animales, la generosidad de sus árboles
frutales y el silencio cómplice de los objetos antiguos, Elsa encuentra la
serenidad y la inspiración necesarias para continuar creando, innovando y
compartiendo su historia con el mundo. Su vida, en definitiva, es una oda a la
resiliencia, al amor por la tierra y al poder transformador del legado familiar,
una prueba fehaciente de que las semillas sembradas con esmero en el pasado
pueden germinar en frutos abundantes y perdurables en el presente.
La vida en el campo, a
menudo idealizada por su serenidad y conexión con la naturaleza, también
presenta desafíos singulares, especialmente para aquellos que eligen
transitarla en soledad. En este contexto, la figura de Julio Abracaite emerge
como un elemento crucial en la vida de Elsa Quintana, la tejedora de memorias y
tradiciones en Santo Tomé. Julio no es simplemente un ayudante; su presencia
representa un resguardo, una mano amiga en el día a día de una existencia
ligada al ritmo implacable de la tierra.
Julio Abracaite es oriundo
de Piquete Cabado, una zona conocida como "Tierra Caliente". Este
origen no es menor, ya que su conocimiento del entorno y las labores del campo
lo convierten en un colaborador valioso para Elsa. La relación entre Elsa y
Julio no es nueva, ella menciona que Julio trabajó con ella y su exmarido Jorge
en el pasado, lo que sugiere un vínculo de confianza y familiaridad
preexistente que facilita la colaboración y el entendimiento mutuo. Su
colaboración se extiende a diversas tareas, desde machetear las laderas hasta
ayudar con reparaciones en el techo, al poner membrana.
Recorriendo el lugar, Elsa
me mostró el galpón donde se guardaban herramientas chicas, al tiempo que me
comentaba que le dio el sitio a Julio para que viva allí, proporcionándole un
lugar donde vivir además de algún salario por su ayuda y cuidado del lugar. La
relación entre Elsa y Julio trasciende la mera relación laboral. Su interacción
revela un vínculo de colaboración y apoyo mutuo, donde ambos se benefician de
la presencia del otro. Elsa valora la ayuda que Julio le brinda en las tareas
del campo, y a su vez, le ofrece un lugar donde vivir y la oportunidad de
trabajar.
La presencia de Julio
en la finca de Elsa no solo alivia la carga de trabajo, sino que también brinda
compañía y seguridad. En un entorno donde la soledad puede ser un desafío,
contar con alguien de confianza como Julio se convierte en un factor
determinante para mantener la calidad de vida y el bienestar emocional.
La presencia de Julio en
la vida cotidiana de Elsa es un reflejo de la importancia de la comunidad y la
solidaridad en la vida rural. En un mundo donde los lazos sociales se
debilitan, su relación representa un ejemplo de cómo el apoyo mutuo y la
colaboración pueden fortalecer los vínculos humanos y permitir a las personas superar
los desafíos y mantener viva la conexión con el campo.