Tomando prestados los conceptos de compromiso y distanciamiento de Norbert Elias, el blog Finca Los Pozos Anta se configura como un espacio liminar entre lo público y lo privado, la gestión agroambiental y la memoria política. Lejos de constituir un simple registro técnico o diario rural, la bitácora articula la sanidad animal, el ordenamiento territorial y la postmemoria rururbana en una ética comunitaria de resistencia frente a los poderes concentradores. A través de una arquitectura de red que vincula el trabajo de la tierra con los derechos humanos y la democratización del saber técnico, el proyecto propone habitar la región próxima al Parque Nacional el Rey, lindando con el margen este del Chaco salteño, sin renunciar ni a la pasión de la emancipación ni a la lucidez analítica.
Oct 2021
Mi conexión con Norbert
|
1887 - 1990 |
Promediando su vida, el célebre sociólogo de la violencia
política y la evolución del Estado, Norbert Elías, vio en el compromiso y en el
distanciamiento, la metonimia de los momentos inductivos y deductivos del
conocimiento. Tomo en préstamos sus conceptos con el objeto de hacerlos
operativos en la construcción de acción política, discursos y posiciones éticas
en la lucha cotidiana por la existencia, para la emancipación y la resistencia
a los poderes concentradores de la vida, el capital y los recursos ambientales.
Hacer política para el diálogo y la emancipación es siempre la construcción de discursos constantes que se construyen y diluyen en los actores que los sostienen. Tal vez por eso las memorias rizomáticas, afloran, y la política siempre está buscando "eso nuevo"; manía de renovación constante tan vapuleada por las derechas del mundo que debilitaron las utopías emancipatorias.
Este sitio está a mitad de camino entre lo privado y lo
público, entre el compromiso y el distanciamiento. Es un grito de dolor y
alegría para encontrar en el mundo, un lugar donde quedarse finalmente, mirar
atrás y sentir la historia constitutiva de mi subjetividad, para esbozar una
síntesis, y seguir, quien sabe entonces ya, a dónde.
Estructura del Blog. Conceptos, apartados y
herramientas
(*) Este símbolo refiere a páginas internas del
blog.
(*) Artículos de divulgación
(*) Bibliografía
(*) Calendario
(*) El espacio
(*) El Proyecto
(*) La historia
(*) La
letra “x”
(*) Leyes Ambientales
(*) Los actores
Estructura del Blog. Sitios conexos
(+) Este símbolo refiere a sitios externas del blog
(+) CES
(Consejo Económico Social de Salta)
(+) Fernando
Pequeño espacio personal
(+) ProyectoJUCO
El uso del “X” y la “@” en el texto
Los recursos linguísticos "x" y "@" se
adoptan en la escritura porque interesa aquí explicitar un compromiso político
con las identidades de género producidas desde los movimientos sociales
enraizadas en las luchas del feminismo y expandidas en Argentina desde la
segunda década (2010 en adelante) con la sanción de las leyes de Identidad de
Género, matrimonio Igualitario y sus antecedentes directos en la leyes sobre la
Violencia familiar y el Abuso Sexual, a partir de la conquista de derechos que
vinieron logrando los colectivos de mujeres.
Georreferenciación
Los Temas:
Viajes. Refiere a las visitas a la finca. Generalmente el
desplazamiento es desde Salta capital hasta los pozos.
Compromiso y distanciamiento: Norbert Elias en la
escritura de Finca Los Pozos
Introducción: una sociología prestada para nombrar la
propia vida
Hay autores que se leen y autores que se usan. Norbert Elias pertenece,
en la escritura de Fernando Pequeño Ragone, a esta segunda estirpe: no es una
cita de autoridad que decora el texto, sino una caja de herramientas que el
autor toma prestada para nombrar algo que, sin ella, quizás permanecería
innombrable. El par conceptual que Elias elaboró para pensar la sociología del
conocimiento —compromiso (involvement) y distanciamiento (detachment)—
describe, en su formulación original, una oscilación entre la inmersión
afectiva en los procesos sociales y la capacidad de tomar distancia analítica
de ellos. Pequeño Ragone no se limita a explicar esa oscilación: la convierte
en el eje mismo desde el cual define su blog, Finca Los Pozos, como «a mitad de
camino entre lo privado y lo público, entre el compromiso y el
distanciamiento».
Ese desplazamiento —de la epistemología a la biografía, de la teoría
sociológica a la experiencia situada de habitar y escribir un territorio— es el
objeto de este ensayo. Se trata de entender de qué manera un concepto pensado
por Elias para describir cómo se produce el conocimiento social termina
operando, en la escritura del autor, como una herramienta ética y política: un
modo de estar en el mundo que no renuncia a la pasión de la lucha cotidiana ni
a la lucidez necesaria para conceptualizarla.
Elias no pensó el compromiso y el distanciamiento como opuestos
irreconciliables, sino como polos de una tensión que todo sujeto que produce
conocimiento debe administrar. El compromiso es la implicación afectiva, el
interés vital que nos ata a los procesos que observamos; el distanciamiento es
la capacidad de suspender momentáneamente esa implicación para captar
regularidades, estructuras, patrones que la pura inmersión emocional no permite
ver. Ningún conocimiento social sería posible sin ambos movimientos: demasiado
compromiso ciega, demasiado distanciamiento vacía de sentido.
Lo que hace Pequeño Ragone con este par conceptual es, en rigor, una
operativización política. Los conceptos dejan de ser categorías de laboratorio
sociológico para convertirse en herramientas de «la lucha cotidiana por la
existencia, para la emancipación y la resistencia a los poderes concentradores
de la vida, el capital y los recursos ambientales». Esta traducción no es
arbitraria: si el compromiso es la energía afectiva que sostiene cualquier
proyecto de emancipación —sin ella no hay indignación, no hay causa que valga la
pena defender—, el distanciamiento es la condición de posibilidad de que esa
energía no se agote en el desahogo, sino que se transforme en análisis, en
estrategia, en escritura capaz de interpelar a otros. Comprometerse sin
distanciarse produce activismo sin lucidez; distanciarse sin comprometerse
produce lucidez sin fuerza transformadora. El autor necesita ambos movimientos
simultáneamente, y el blog es, precisamente, el espacio donde ensaya esa
simultaneidad.
Hay, además, una dimensión temporal en esta apropiación que merece
subrayarse. El distanciamiento, en la escritura de Pequeño Ragone, no es solo
una operación analítica sobre el presente: es también una operación reflexiva
sobre el pasado que habilita una proyección hacia el futuro. El propio autor lo
formula en clave casi confesional cuando describe el blog como «un grito de
dolor y alegría para encontrar en el mundo, un lugar donde quedarse finalmente,
mirar atrás y sentir la historia constitutiva de mi subjetividad». Mirar atrás
—la memoria familiar, el territorio de Anta, los lazos afectivos que
constituyen su propia subjetividad— exige distancia; sentir esa historia como
constitutiva exige compromiso. La escritura del blog es, en ese sentido, un
ejercicio simultáneo de ambos movimientos: procesar biográficamente el pasado
sin renunciar a la pasión de habitarlo.
Esta síntesis teórico-biográfica no queda en el plano declarativo: se
materializa en decisiones concretas de escritura y de diseño editorial que
atraviesan el blog.
El primer registro donde el compromiso se vuelve visible es el lenguaje.
La adopción de la «x» y la «@» en la escritura no se presenta como una elección
estilística menor, sino como «un compromiso político con las identidades de
género producidas desde los movimientos sociales», enraizado en el feminismo y
en las conquistas legislativas argentinas, como la Ley de Identidad de Género.
Se trata de compromiso en sentido eliasiano estricto: una implicación afectiva
y política que se inscribe en la forma misma de la lengua, antes incluso de que
el contenido de cada entrada comience a desplegarse.
El distanciamiento, en cambio, se vuelve visible en la organización
temática del sitio. Secciones como Plan de Manejo, Leyes Ambientales, El
espacio, Los actores y La historia no funcionan como un diario íntimo de la
vida rural, sino como un dispositivo de análisis sistemático: cada sección
somete el territorio de la finca a una mirada que busca regularidades, marcos
normativos, actores y procesos, exactamente en el sentido en que Elias entendía
la mirada distanciada como aquella capaz de reconocer estructuras allí donde la
inmersión inmediata solo percibe acontecimientos sueltos.
Finalmente, la tensión entre lo privado y lo público —que el propio autor
identifica como el lugar liminar que ocupa el blog— se resuelve en la
arquitectura de red que conecta a Finca Los Pozos con otros espacios: la
Asociación Miguel Ragone, el Consejo Económico Social de Salta y Tiempo de
Derechos. Esta vinculación explícita muestra que la escritura de Pequeño Ragone
no aspira a la clausura de un diario personal, sino que se concibe como una
pieza dentro de una red mayor orientada a la memoria histórica, los derechos
humanos y la gestión pública participativa. Es, en suma, la traducción
institucional de aquello que en el plano biográfico se llama compromiso, y en
el plano analítico, distanciamiento.
La apropiación que hace el autor de Elias no está exenta de una tensión
no resuelta, la de saber si toda escritura situada logra, en efecto, sostener
el equilibrio entre ambos polos, o si —como el propio Elias advertía— la
balanza tiende siempre a inclinarse, según el momento biográfico y político,
hacia uno de los dos extremos.
El propio autor ofrece, hacia el final de la entrada analizada, una
imagen que condensa el sentido político de esta operación teórica: frente al
modo en que los poderes dominantes debilitan las utopías emancipatorias
mediante lo que llama «manías de renovación» vacías —cambios superficiales que
no alteran las estructuras de concentración de la vida, el capital y los
recursos—, propone la construcción de memorias rizomáticas: memorias
entrelazadas, no lineales ni estáticas, que conectan la vivencia del territorio
con la acción colectiva.
Esa figura del rizoma es, en cierto modo, la síntesis visual de todo lo
que este ensayo intentó describir. Elias aporta la clave epistemológica —el
método para mirar la propia vida y el territorio sin perder la pasión política,
pero con la lucidez necesaria para conceptualizarla—; Pequeño Ragone aporta la
vivencia y la voz de un pensador y actor social salteño que busca ordenar su
memoria, su afecto por el monte y su activismo institucional; y el blog Finca
Los Pozos es el soporte donde esa síntesis se vuelve pública, ofreciendo tanto
divulgación agroambiental rigurosa como testimonio político y ético en defensa del
territorio y la vida.
Leído así, el blog no es solamente un dispositivo de comunicación
institucional: es un experimento sostenido de escritura del yo que, apoyado en
una sociología del conocimiento pensada para otros fines, encuentra en el
compromiso y el distanciamiento una forma de habitar —sin resignar ni la pasión
ni la lucidez— la tierra, la memoria y la lucha.
La bitácora como territorio
Apuntes sobre la arquitectura y el
sentido de Finca Los Pozos Anta
Ago 2026
Toda bitácora digital que se precie de tal suele resolverse en la
acumulación cronológica de entradas: un dispositivo que registra, pero que rara
vez se piensa a sí mismo. Finca Los Pozos Anta elude esa suerte de inercia
formal. Su estructura —dos niveles de navegación, un menú institucional que la
conecta con una red de espacios afines y un menú temático que ordena lo
territorial, lo ambiental y lo histórico— no es un accesorio de diseño, sino
una declaración de principios. El sitio se piensa, antes que nada, como un
nodo: un punto de enlace entre la finca como unidad productiva y una
constelación mayor de pensamiento, memoria y acción social que incluye a la
Asociación Miguel Ragone, al Consejo Económico Social, a Ferpeq como espacio
personal y a Tiempo de Derechos. Que la finca se presente vinculada a esa red
desde su propia cabecera sugiere que ninguna de las entradas que allí se
publican debe leerse en soledad: cada texto sobre sanidad animal, cada norma
ambiental comentada, cada efeméride rescatada, se inscribe en un proyecto más
amplio de intervención pública.
Esa doble arquitectura —lo institucional hacia afuera, lo temático hacia
adentro— revela una tensión productiva. Por un lado, el blog quiere ser leído
como parte de un ecosistema de compromiso cívico; por otro, necesita sostener
una identidad propia, la de una finca situada en el departamento de Anta, con
su clima, sus actores y su historia. La convivencia de ambos registros en un
mismo menú es, en sí misma, una forma de trazar continuidad entre lo
agroambiental y lo político-comunitario, entre el trabajo de la tierra y el
trabajo de la memoria.
El primer eje temático del blog —la gestión agropecuaria, la sanidad
animal y la trazabilidad— podría leerse, en una primera aproximación, como pura
divulgación técnica: los registros del SENASA, los cambios de categoría
ganadera, la vacunación antiaftosa, la identificación de equinos. Pero la
reseña del sitio insiste en otra clave de lectura, más productiva: la
trazabilidad no se presenta como un trámite burocrático que se cumple por
obligación, sino como un compromiso de responsabilidad comunitaria. Ese
desplazamiento —del trámite al vínculo— es, quizás, el gesto más interesante de
todo el proyecto editorial.
Pensar la trazabilidad como acto comunitario supone reconocer que la
inocuidad alimentaria, el acceso a mercados y la prevención del abigeato no son
asuntos privados de cada productor, sino cuestiones que atañen a la salud
pública y a la economía regional en su conjunto. En ese sentido, el blog opera
una traducción: toma un lenguaje normativo —el de las resoluciones sanitarias,
el de los formularios oficiales— y lo convierte en un lenguaje de pertenencia.
Quien vacuna a su ganado, quien identifica a sus equinos, no solo cumple con el
Estado: participa de un tejido de cuidado que excede los límites de su propio
predio. Esta operación de traducción —hacer accesible lo normativo sin
despojarlo de su rigor— es, en sí misma, un ejercicio de divulgación científica
que también es un ejercicio político: democratizar el conocimiento técnico es,
en última instancia, una forma de redistribuir poder.
El segundo eje —sustentabilidad, marco legal y manejo del espacio—
desplaza el foco de la sanidad animal hacia el ordenamiento territorial, las
leyes ambientales y el monitoreo climático. Aquí el blog abandona parcialmente
el tono pedagógico del primer eje para asumir una función más explícitamente
vigilante: registrar el cumplimiento —o el incumplimiento— de las normativas
que regulan el uso del suelo en el Chaco salteño.
No es casual que esta dimensión aparezca junto a la anterior. Si la
trazabilidad ganadera puede leerse como una ética de la responsabilidad hacia
adentro del predio, el marco legal ambiental funciona como una ética de la
responsabilidad hacia el territorio que lo excede. Anta es, después de todo,
una región atravesada por dinámicas de concentración de la tierra y avance del
agronegocio extractivista; un blog que documenta el clima, el uso del suelo y
los planes de manejo específicos de la zona no puede leerse como neutral.
Escribir sobre el ordenamiento territorial en ese contexto es, cuando menos,
tomar partido por una forma de habitar la tierra que no se reduce a la
explotación intensiva del recurso.
El tercer eje —memoria histórica, cultura rururbana y actores locales— es
quizás el que anuda con mayor claridad el proyecto de la finca con las
preocupaciones que atraviesan el resto de la red institucional a la que el blog
se vincula. Aquí la bitácora deja de ser exclusivamente agroambiental para
asumirse como archivo: registro histórico de la finca, de los viajes, de la
vida rural, y sobre todo, valoración de los actores que habitan y trabajan la
tierra.
Esa valoración de los actores —campesinos, trabajadores rurales, vecinos—
enlaza, según la propia reseña del sitio, la antropología local con la
identidad del paisaje salteño. Se trata de una operación de puesta en valor que
no es meramente descriptiva: nombrar a quienes habitan y trabajan un territorio
es, en contextos de disputa por la tierra, un acto de reconocimiento que tiene
consecuencias políticas. La memoria histórica de la finca no se archiva por
nostalgia, sino porque esa memoria funciona como evidencia de una continuidad
de ocupación y de sentido que ninguna cartografía catastral puede capturar del
todo.
Conviene detenerse, por último, en los recursos con que el blog resuelve
la exposición de sus contenidos. Cada entrada se abre con un copete que
funciona como resumen ejecutivo, anticipando la tesis y las claves conceptuales
del artículo; incorpora, además, formatos de síntesis auditiva y soporte visual
e infográfico. Estos recursos no son ornamento: son una política de la
accesibilidad. Un blog que quiere ser leído por productores, estudiantes y
vecinos de la comunidad —tal como declara su propia mensaje al público— no
puede conformarse con el texto plano. La combinación de copete, audio y soporte
gráfico multiplica las puertas de entrada a un contenido que, de otro modo,
quedaría reservado a quienes ya dominan el vocabulario técnico-normativo.
Finca Los Pozos Anta se propone, en sus propias palabras, como una
bitácora de trabajo, estudio y memoria viva. Esa tríada —trabajo, estudio,
memoria— sintetiza bien lo que el análisis de su estructura permite
reconstruir: un dispositivo que no separa la gestión productiva de la reflexión
histórica, ni la norma ambiental del vínculo comunitario. Democratizar el
conocimiento técnico, promover la responsabilidad compartida y resguardar la
memoria del territorio son, en el proyecto del blog, tres caras de una misma
operación: escribir la tierra como un modo de habitarla con sentido.
En esa medida, el blog no documenta simplemente una finca en el
departamento de Anta: propone una manera de estar en el Chaco salteño que
rehúsa la separación entre lo productivo, lo normativo y lo histórico. Cada
entrada sobre vacunación antiaftosa convive, en el mismo sitio, con cada
efeméride rescatada del olvido, y esa convivencia —lejos de ser azarosa— es el
verdadero argumento del proyecto: no hay sustentabilidad posible que no pase,
también, por la memoria de quienes trabajaron y trabajan esa tierra.
[i] El
concepto de "rururbano" o "rururbanidad"
El término rururbano —también llamado rurbano
o rurbanización, según el autor— designa un espacio híbrido, situado en
la frontera difusa entre lo rural y lo urbano, donde ambas lógicas de
organización territorial, social y cultural conviven, se superponen y se
contaminan mutuamente sin resolverse en una síntesis estable.
Origen y desarrollo del concepto
La noción surge en la geografía y la sociología urbana
de mediados del siglo XX para nombrar un fenómeno que las categorías clásicas
de "campo" y "ciudad" ya no lograban capturar: el avance de
las periferias urbanas sobre el territorio agrícola, y —en sentido inverso— la
persistencia de prácticas, temporalidades y vínculos sociales rurales en zonas
cada vez más próximas o integradas a la trama urbana. En América Latina, el
concepto se volvió especialmente productivo para pensar cinturones periurbanos,
pequeñas localidades del interior atravesadas por infraestructura vial y
comunicacional, y fincas o parajes que —sin dejar de ser productivos— mantienen
lazos cotidianos, económicos y afectivos con centros urbanos cercanos.
Rasgos que definen lo rururbano
·
Espacialidad de frontera: no es ni el
campo "puro" ni la ciudad consolidada, sino una zona de tránsito
donde ambos regímenes de uso del suelo coexisten.
·
Temporalidades superpuestas: conviven los
ritmos de la producción agropecuaria (ciclos estacionales, sanidad animal,
cosechas) con los ritmos y las tecnologías de la vida urbana (conectividad,
mercados, movilidad).
·
Identidades mixtas: quienes habitan estos
espacios no se reconocen enteramente como "campesinos" ni como
"urbanos"; construyen una identidad que combina el arraigo
territorial con la circulación y el vínculo institucional propios de la ciudad.
·
Vínculo con la memoria y el paisaje: en
clave antropológica, lo rururbano suele leerse no solo como categoría funcional
(uso del suelo, infraestructura) sino como una forma de habitar que preserva
memoria, oficios y saberes rurales aun cuando el territorio se ve
crecientemente atravesado por dinámicas urbanas, normativas estatales o lógicas
de mercado.
En relación con tu trabajo
En el contexto del análisis que hicimos sobre Finca Los Pozos, la "cultura rururbana" que mencionaba el informe original apunta justamente a esto: la finca no se presenta como un espacio agrícola aislado ni como una prolongación de la vida salteña urbana, sino como un territorio donde ambos órdenes se entrelazan —el trabajo de la tierra, la normativa estatal (SENASA, ordenamiento territorial) y la circulación de saberes, actores y memorias que conectan el paraje con la ciudad de Salta y con las redes institucionales a las que el blog se vincula. Es, en ese sentido, una categoría que te permite nombrar con precisión conceptual algo que tu propia escritura ya venía haciendo intuitivamente: habitar y narrar un espacio que no es reductible ni a lo rural ni a lo urbano.
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