jueves, 23 de diciembre de 2021

Recorriendo alambrado sobre la ruta en El Mollar

Viaje 12. 
2021-12-23


Texto creado en 2025-07-01
(Tres años y medios después)
Contenido:

El Corazón Lodoso de la Autenticidad: Un Retrato de Vida en Los Pozos

Viaje y encuentro en el Parque Nacional El Rey

La Compañía de Malko y Chocolate

La casa de Los Pozos y la conexión con el pasado

La casa de Humberto López y el alambre del viejo

El ternero, la represa y el renacer

Reflexiones sobre el corral y los terneros

 



Viaje y encuentro en el Parque Nacional El Rey

El viaje del 23 de diciembre de 2021, un día antes de la navidad, fue el día del encuentro con Eloy López, intendente del Parque Nacional El Rey. El propósito era medir la hectárea de tierra que le quería yo donar en El Molar al Parque Nacional El Rey para que construyera un lugar sobre la ruta. En ese momento, yo no tenía idea de la estructura de Parques Nacionales. En ese momento, no tenía idea de la estructura de Parques Nacionales. Queda para mí la reflexión de describir lo que es esa estructura y la forma en que mira esa tierra que yo amo y a la gente que yo amo, y cómo me mira a mí mismo.

Fue un día lluvioso. Ese día se hizo presente el arquitecto de la APN dirección noa que me cayó tan mal, el arquitecto que no quiso ir a la casa del gaucho. Imagino las tensiones internas entre la gente que trabaja en la Dirección Regional NOA de Parques Nacionales. Cuando uno anda camino, comienza a poder ver cómo funcionan las instituciones.

La Compañía de Malco y Chocolate

La compañía de Malco y Chocolate es para mí una extensión de mí mismo para entrar al monte. La velocidad a la que se desplazan la interiorizo como mi propia velocidad mental y mi fuerza. Es un poco la fuerza con la que ellos me alimentan.

Una entrada sobre la mano derecha de la ruta hacia el gran peñón del Juramento, cerquita al centenario puente de hierro que cruza Lumbreras, se ha vuelto con el tiempo el camino o la parada obligada porque a Malko y a Chocolate les encanta bajarse un rato y correr ahí después de casi una hora de disfrute del viaje en auto.

Mas tarde en el día, el disfrute de Malco y Chocolate en el barro de la represa que comienza a llenarse como de una vida que empieza a rebrotar ahora más mía que nunca, me impulsa a buscar con fuerza tirar mis raíces ahí. La alegría y el disfrute de ellos es lo que nutre mi propia energía necesaria para sentarme ahí.

Ya en ese diciembre de 2021, a casi cinco meses de la muerte de mi papá, había encontrado y apropiado el lugar en la casa donde iban a comer Malko y Chocolate, y ya les había llevado su recipiente donde toman agua y donde comen, que uso desde hace cuatro años, es decir, desde que mi papá ya no está.

La casa de Los Pozos y la conexión con el pasado

En la casa de Los Pozos están dispuestos alrededor los restos de lo que quedó de la obra de reparación y mejora de la casa  familiar que estaba haciendo mi viejo cuando se murió y la disposición espacial y emotiva que tenían los hombres que a él lo acompañaban.

Yo limpié todo eso como una parte de mi herida. Cada carretilla de basura y de mangueras que sacaba era como limpiar el alma y autorizarme a habitar este mundo. Fue la primera acción de apropiarme del espacio.

El balido de los terneros del destete que tuvimos que hacer por la seca de ese verano del 2021 cuando se murió mi papá, también me aferran a esa tierra, me permiten habitarla porque me conectan con mi infancia.

Ese mismo balido de las vacas en el corral temprano en la mañana, cuando yo, cargado de la emoción y la energía de un chico de siete u ocho años, iba corriendo al corral a encontrarme con Natividad y sus hijos para ordeñar las vacas, también me conecta con el lugar.

La gran cantidad de cítricos, básicamente mandarinas, al costado de la casa en el predio alambrado, me conectan con el esfuerzo de mis padres en la década del 90 para poner sus marcas de utilidad en el lugar y verlos hoy es la continuidad del esfuerzo de ellos. Los contemplaba esa mañana bajo la lluvia con el disfrute de que estaban recibiendo el agua que tanto necesitábamos por la sequía inmensa de ese año. Supe después que son mandarinas muy amargas. Desde este 2025 tan húmedo que hemos tenido, veo ahora el retraso de esos mandarinos por las secas y por la falta de atención de poder hacerles llegar el agua que necesitan. Entonces, quiero comprometerme a extender las mangueras necesarias para poder regarlos.

La casa de Humberto López y el alambre del viejo

La casa de Humberto López, esa cocina llena de perros, llena de pavas, el humo del fuego que nos calienta en ese día frío y húmedo y lluvioso y nublado de diciembre, me conecta también con mi forma de habitar Los Pozos en la adolescencia.

Ese Humberto, ahora adulto, frente a este otro adulto que soy yo, me retrotrae al Humberto de fines de los 80, cuando atrapábamos los caballos en el corral y en el potrero próximo a la casa en Los Pozos y salíamos en andanzas hacia la Laguna de castellanos y hacia tantos sitios. Es también una forma de poder apropiarme hoy de esa tierra. En esa tierra de la Laguna estaba creciendo como yo, Matilde Córdoba, con quien me encontraría en estos años buscando el arraigo. Alamas que se miran entre los vericuetos del tiempo de cada quien.

El recorrido del alambre, junto a Humberto, Eloy, el arquitercto, ese día de lluvia; el recorrido de ese viejo alambre que hizo mi viejo por el lado norte del Mollar, que lindera con los vecinos hasta el límite de la finca de Francisco Arias en el este, arriba en El Mollar, también me ha permitido ingresar a esa tierra, a ese monte, hacerlo tangible para mí. Lo estábamos recorriendo con Eloy y el arquitecto para ver el deslinde, acompañado por Humberto. Él es el que me ayuda a introducirme a esta tierra. Todavía no lo conocía al Rana y todavía no había ni imaginado la posibilidad del convenio con Rana para habitar esa tierra.

El ternero, la represa y el renacer

La visita a la casa del gaucho Amado y la caricia a ese ternero también me conectaba con esa tierra y con mi deseo de tener un ternero para poder vivir ahí. A ese ternero quiero llamarle "Oaky", como me llamo yo porque mi abuelo Ragone así lo dispuso cuando yo era un pequeño travieso a comienzos de la década de los setenta. Es como la fortaleza que me dan mis perros cuando corren. Es proyectar o introyectar, no sé, la fuerza de ellos en mí, el monte en el que ellos se desplazan tan naturalmente, meterlo en mí.

Veo la represa seca de Los Pozos por esa seca intensa de unos tres años que ya venía produciéndose y que iba a terminar dos años más adelante, en 2024. Habíamos decidido invertir plata para cavar esa represa que estaba seca.

Creo que será la única vez en la vida que pueda verla tan seca y marca como un recomenzar, como un nuevo tiempo después de la muerte de mi papá, como un límite final para poder salir hacia adelante inaugurando una nueva época. La sequía de esta represa y la decisión de conservarla y de rearmarla junto a mi mamá, a mi hermano y a mi hermana también.

El bebedero improvisado para las vacas con un viejo tacho lleno de lonas enclavado en algunos postes improvisados al costado de la represa, para tirarles agua con la bomba, me emociona hasta el infinito. Me habla de la precariedad y de la resistencia para improvisar soluciones, que es uno de los rasgos más fuertes de quienes habitan esa región. Y un rasgo que yo quiero copiar para apropiarlo también: a veces menos proyectos, menos planificaciones y más pragmatismo. Es lo que te enseña el monte.

Encuentro esa parte más profunda de la represa donde había entrado algo de agua de lluvia muy poquito. Y donde día a día le tirábamos agua con la bomba para que fuera llenándose y siempre resultaba insuficiente. Pero fue lo que salvó a las vacas de morirse de sed ese verano del 2021.

Camino con esos botines que heredé de mi papá entre ese barro de la tierra recién removida de la represa excavada y las primeras plantas que brotan encima, todo húmedo. Y no hay nada más descriptivo de la vida que brota con fuerza, también inaugurando una nueva era.

Reflexiones sobre el corral y los terneros

Los terneros del destete en el corral, al acercarme a verlos con Malko y Chocolate y observar el encuentro entre ellos, esos terneritos tan hermosos y tan sacrificables para alimentarnos, me marcan siempre un contraste que me paraliza, casi que me atormenta.

Es el contraste entre el amor del cuidado y el pragmatismo del sacrificio para que ellos también se transformen en vida. Pienso aquí, ¿cómo será ese juego de elaborar yo el terror que me produce la violencia? Tendré que analizarlo alguna vez.

Y pensaba, mirando ese corral de barro, lo necesario que se hace intervenir el desnivel de la loma para desviar el agua y preservar el corral tanto de la erosión como para hacerlo vivible para esos terneros y esas vacas.


El Corazón Lodoso de la Autenticidad: Un Retrato de Vida en Los Pozos

El video filmado en "Los Pozos" durante un día de diciembre de 2021 es un poema visual que captura la esencia de una vida rural sin adornos, una sinfonía de barro, lluvia, fuego y lealtad animal. No es un mero registro de un día en el campo, sino una inmersión profunda en un ecosistema donde el ser humano, sus animales y la tierra coexisten en una simbiosis tan tangible como el lodo que lo cubre todo.

El relato comienza con el Río Juramento como protagonista silencioso y poderoso. Sus aguas, turbias y crecidas, no son las de una postal turística, sino las de un afluente vivo y enérgico, que moldea el paisaje con su fuerza. Los barrancos rojizos que lo flanquean actúan como guardianes de este escenario, mientras dos perros, nuestros guías a lo largo de esta jornada, corren con una libertad que solo el campo puede ofrecer. Son ellos los que nos introducen al verdadero espíritu del lugar: una energía vital que no se detiene ante el clima adverso, sino que se nutre de él.

La lluvia, que podría ser un elemento de melancolía, se transforma aquí en un catalizador de comunidad. La cámara nos lleva al interior de un rústico refugio donde el fuego se convierte en el epicentro de la vida. Alrededor de sus llamas danzantes, no solo se congregan los humanos, sino también una comunidad Inter especie de perros y gatos que buscan calor y compañía. Esta escena, cargada de una calidez conmovedora, revela el núcleo emocional del video: en medio de la humedad y el frío del exterior, el hogar es un santuario de afecto compartido, donde las barreras entre especies se disuelven ante la necesidad universal de refugio y consuelo.

Sin embargo, el verdadero clímax de esta oda a la vida rústica se encuentra en la explosión de alegría pura y sin filtros de los perros jugando en una represa de barro. Lejos de evitar la suciedad, se zambullen en ella con un abandono total, transformando el lodazal en su paraíso personal. Cada salpicadura, cada carrera y cada sacudida es una declaración de intenciones: la felicidad no reside en la pulcritud, sino en la capacidad de abrazar el momento presente con todo el cuerpo y el espíritu. Esta escena es una metáfora poderosa de la filosofía que impregna todo el video: la vida auténtica es inherentemente desordenada, y es en ese desorden donde se encuentra la alegría más genuina.

Pero el lodo de Los Pozos no es meramente un patio de recreo; es también el escenario donde se desarrollan los rituales diarios del trabajo y la vida, un lienzo sobre el cual se escribe la historia del sustento. Esta realidad se manifiesta con una fuerza sobrecogedora en la escena del valido de terneros en el viejo corral. Bajo el cielo plomizo de la mañana de diciembre, un mar de lodo espeso y profundo define el espacio. El corral, una estructura de postes irregulares y alambre, parece tan antiguo como los árboles que lo rodean, con su madera curtida por incontables inviernos y veranos. Dentro, un mosaico de pieles —negras, pardas, manchadas de blanco— se mueve con una mezcla de curiosidad y aprensión. Son los terneros, el futuro del rancho, con sus ojos grandes e inquisitivos y sus balidos agudos que se mezclan con el sonido sordo de sus pezuñas hundiéndose en el fango. El hombre y sus perros trabajan en armonía, guiando al joven ganado hacia una sección del cercado. El perro oscuro, ágil y concentrado, se mueve con un propósito instintivo, mientras el labrador observa desde la periferia. No hay prisa, solo el ritmo constante y metódico del trabajo de campo, un ciclo ininterrumpido de nacimiento, cuidado y labor que ha definido esta tierra por generaciones.

Esta escena de trabajo colectivo, sin embargo, no borra el afecto individual. Es el mismo hombre que, minutos antes o después, acariciará con ternura a un ternero en particular, reconociendo en cada animal no solo un número en el rebaño, sino una vida a su cargo. Este equilibrio entre la pragmática labor ganadera y la conexión personal es lo que dota a la vida en Los Pozos de su profunda humanidad.

Al final, cuando los perros, cubiertos de barro, pero satisfechos, regresan a la casa para comer su ración en el porche, el círculo se completa. El video de "Los Pozos" nos deja con una sensación de profunda paz. Es un recordatorio de que existe una belleza profunda en la simplicidad, en el olor a tierra mojada, en la lealtad de un perro y en el calor de un fuego en un día de lluvia. Es un canto a la autenticidad, un testimonio de que la vida más rica no es la que se exhibe, sino la que se vive con las manos, y las patas, firmemente plantadas en la tierra.



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